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Archivo para Domingo, 15 de Marzo de 2009

Sobre el rating, el bullet y el ajedrez clásico.

Domingo, 15 de Marzo de 2009

por
LuxAeterna

chesslap2ch

En una de las explosivas charlas en el canal, surgió el tema del conocimiento ajedrecístico y su vinculación con la fuerza del jugador.
El planteamiento fue más o menos así: Alguien opinó que los libros de Grau eran un muy buen método para hacerse de conocimientos que permitieran progresar en la práctica del juego. Otro más opinó que los libros de Grau se escribieron en una época en la que no existían las computadoras y que por lo tanto no eran libros que ayudaran a jugar bien en el ICC.
Es más, no son útiles para ganar en el “bullet” o en el blitz, y quién decía esto parecía afirmar que el juego ha “avanzado” de tal manera que esos manuales eran prácticamente inútiles.
Como parte de la argumentación de quienes defendían las bondades de estudiar a Grau, surgió la frase “estamos hablando de ajedrez, no de bullet” a lo que los antagonistas pasaron a defender la valía del bullet y del blitz como parte del bagaje que debe tener un ajedrecista contemporáneo.
Me parece de mucho interés el tema, ya que presenta diferentes puntos de vista para comprender la cuestión “quién juega bien al ajedrez”, o dicho de otra manera, quién tiene mayor nivel en ajedrez.

Me explico…

Si bien es cierto que el rating es utilizado para tener un referente de la fuerza del jugador, con respecto al universo de practicantes, es solo una manera burda de evaluar, ya que se basa en el resultado final, sin considerar el modo en el que fue decidido ese resultado.

Esto es de particular importancia en partidas rápidas y super-rápidas (bullet).

En estas partidas, la manera de obtener el punto se debe en muchas ocasiones a situaciones que no tienen que ver con el ajedrez en sí, sino a cuestiones mecánicas como un buen ratón, una conexión confiable, buenos reflejos conocimiento de la interfase y si me apuran, a argucias y triquiñuelas en las que se busca que el contrario caiga en problemas de tiempo; a complicaciones no necesariamente correctas en su planteamiento, esto es, planteamiento de combinaciones equívocas pero con la suficiente complejidad como para que el oponente necesite pensar unos segundos para no entrar en una línea abiertamente perdedora. Es más, en muchas ocasiones ni siquiera es necesario dar con una complicación que requiera un conocimiento táctico, sino una trampa burda -sabiendo que el reflejo del jugador hará el trabajo en automático- hará que la jugada lógica que preveía el oponente se convierta en un error porque no fue jugada aquella que esperaba, sino una pésima, a propósito, tratando de sacar provecho de la necesidad de jugar rápido. Estamos hablando de partidas de un minuto o menos.
Entiéndase que no estoy sugiriendo que para ganar en bullet no sea necesario el conocimiento ajedrecístico, lo que digo es que ese conocimiento, que puede tenerlo igual el adversario, no es el único, ni el más importante factor a la hora de hacerse con el punto.
Dos jugadores de igual fuerza en conocimientos teóricos y capacidades tácticas, difícilmente harán tablas en un bullet. Se llevará el punto, por tiempo, el que tenga mejor manejo del software, mejor ratón, mejor conexión, más mañas extra ajedrecísticas, mejores reflejos y un costal de trucos para complicar, obtener unas tablas por falta de material para ganar o por jaques constantes de sacrificios inútiles desde el punto de vista de la verdad ajedrecística y suficientes para ganar dos segundos en el reloj, aún con tres piezas de menos.
Las preguntas son ¿Esto es ajedrez?, ¿Es mejor ajedrecísta quien acumula muchos triunfos (y mucho rating) así? ¡Es válido en ajedrez hacerse de esta manera del triunfo? ¿Esta es la “verdad” sobre una posición dada surgida de una apertura planteada o un plan estratégico?…
Como dijo el Jack destripador “vamos por partes”.

El ajedrez deportivo
Es absolutamente cierto que en los torneos actuales de élite las partidas se ganan por lograr que el contrario pierda el camino, que caiga en una celada nueva, o que se complique la posición aún por medio de combinaciones poco confiables. Esto es parte del ajedrez de competencia. La necesidad de obtener un resultado y no la de hacer una partida correcta, se deja sentir en la “calidad” de las partidas y hace que se tomen decisiones prácticas sobre el tablero.
Los ritmos impuestos por la FIDE en los últimos tiempos, que protegen un tipo de ajedrez “que atraiga la atención de espectadores y patrocinadores” han hecho esto más y más posible. Se juega con más emoción de ver quien caerá y no necesariamente quién juega el mejor y más correcto ajedrez.
La preocupación de muchos GM sobre el abandono de los tiempos “clásicos” de ajedrez, es porque se está perdiendo la esencia misma del ajedrez, que es el uso de la razón para descubrir los movimientos más certeros para ganar una partida. Esto es, la reducción al máximo de los errores debidos al mal cálculo y a la premura y la posibilidad de utilizar al máximo los conocimientos teóricos y tácticos, sin tretas baratas o de combinaciones insostenibles en un análisis serio post mortem.

El reloj de Fischer
Esto último es lo que tenía en mente Fischer cuando propuso (sin que existiese la tecnología para resolverlo fácilmente) que cada jugada realizada tuviese un aumento en la cantidad de tiempo disponible para la partida. Esto evitaría que la partida se perdiera por el agotamiento del tiempo. En realidad, el uso de relojes en ajedrez nunca fue intentado en su origen para que la partida durara un tiempo definido. El ajedrez siempre fue concebido como un planteamiento de posibilidades de ambos bandos que pueden ser meditadas hasta encontrar la jugada correcta, sin importar cuanto tome hacerla. Los relojes se comenzaron a usar para marcar “ritmos” de juego, en el que ambos jugadores tuviesen las mismas oportunidades. Tan es así que las partidas eran aplazadas para continuarse después del descanso de los jugadores.

Lógico es pensar que para las exigencias de obtención rápida de beneficios económicos de los organizadores de torneos y con el advenimiento de las computadoras, las partidas aplazadas, y los tiempos largos para la meditación fueron desapareciendo las unas y acortándose los otros. Pero con todo ello se perdió la calidad de juego.

Las anteriores reflexiones me llevan a deducir que la esencia del ajedrez no es únicamente la ganancia deportiva del punto, sino la corrección del planteamiento y su correcta ejecución, así como su limpieza de errores de bulto y la belleza de las combinaciones que, por definición, se basan en cálculo de jugadas correctas, forzadas y poco evidentes (de ahí su dificultad), o de la consecución de tablas por haber jugado para conseguir denodadamente la victoria, pero sin descuidar la defensa y que lleva a un juego equilibrado, no necesariamente soso ni balanceado. Las tendencias modernas para obtener esos resultados incluyen estrategias “dinámicas” en las que un aparente desbalance material, manejado con maestría, obtiene la igualdad y en no pocas veces un resultado de victoria. En estos casos el rating, esto es, la manera de evaluar a estos talentosos jugadores, habla menos de resultados y más de conocimiento del ajedrez. De verdadera fuerza.
A mayor duración de la partida, más resaltan las verdaderas capacidades ajedrecísticas y menos necesarias son las argucias extra ajedrecísticas. A menor tiempo, el rating mide más la capacidad de entrampar al oponente y menos su conocimiento teórico. Hasta cierto punto, ambas posibilidades de ganar son parte del ajedrez, pero una de ellas se basa en el “buen” ajedrez y otra en la ortopedia que le rodea.

La era Fritz
Con el advenimiento de las bases de datos, los “engines” y el internet, el panorama ajedrecístico cambió, como es sabido por cualquiera, dramáticamente. El hecho de que hoy podamos jugar contra un GM desde nuestra sala (o desde la cama) en ICC, o que podamos analizar todas (¡sí, todas!) las partidas de los principales jugadores de la historia, o que podamos practicar y por ende aprender (y aprehender) más fácil los conceptos teóricos por medio de buenos libros en medios electrónicos y audiovisuales ha permitido que la edad para llegar a obtener buenos resultados, y hasta títulos profesionales, se haya acortado muchísimo. No hay duda, hay más conocimiento y práctica al alcance. Pero todo esto tiene su contraparte. En muchos casos, la utilización de computadoras para analizar partidas (cuyas evaluaciones se dan en términos numéricos y no conceptuales) ha hecho que dejemos de lado el uso de nuestras capacidades de raciocinio y confiemos en lo que dice la máquina. Por otro lado, jugar en internet, debido a los tiempos disponibles para hacerlo, nos ha hecho dedicarnos más tiempo a partidas rápidas y ultra-rápidas, en donde ya no es importante demostrar o demostrarnos que tenemos conocimiento para resolver una posición, sino la obtención de una satisfacción rápida (a la manera de Pavlov) y la acumulación avariciosa de un rating mentiroso que no mide nuestra capacidad ajedrecística sino nuestra experiencia en la obtención de esa satisfacción, haciendo del ajedrez algo más parecido a un video-juego de habilidades y reflejos que al proverbial arte del cálculo de variantes.

No ayuda en nada la posibilidad actual de embarcarnos inmediatamente en otra partida cada vez que perdemos, con lo que hasta nuestra capacidad de aprender del análisis de los errores se ha cambiado por la práctica repetitiva de patrones de éxito que funcionan solo a ese nivel de juego bochornosamente anti-racional.
Nadie dice que no sea divertido. O que sea un pecado hacerlo… pero en bien de nuestro deporte, bien haríamos en dedicar tiempo a practicarlo con seriedad y dejar para descansar la mente el embarcarnos en estos lapsus de evasión de la realidad.
El argumento de que el blitz o el bullet sirven para probar novedades o para practicar partidas “lentas” ha sido desmantelado por cantidad de entrenadores y Grandes maestros. Hace poco leí un comentario de un GM en una de las partidas del match entre Topalov y Kamsky que decía que al éste último le había hecho muy mal jugar tantas partidas bullet con Smallville en ICC. No lo dudo.

La serpiente que se muerde la cola
Volvamos al inicio de esta perorata para tratar el punto de la preparación en general y el método de Grau y luego responder a las preguntas que plantee después.
Estoy convencido que unas buenas bases en ajedrez no se obtienen sabiendo de memoria la última novedad en la apertura tal o cual, o la última partida de fulano. Tampoco por tener la colección completa de dvd’s de mengano. La verdadera maestría conlleva el aprendizaje de fundamentos que no han cambiado en nada desde épocas de Steinitz y Tarrasch (quizás de alguno que otro cubista, todos ellos de antes de la mitad del siglo pasado como máximo) y de la práctica y consejo que se obtienen jugando contra jugadores más fuertes.

Esto es cierto tanto para el jugador de rápidas como para el de partidas “serias” (de verdadero ajedrez, dirían nuestros chateadores). Aún cuando la mayor parte del tiempo el punto en las rápidas se obtiene por cuestiones extra-ajedrecísticas, nadie ha ganado muchas partidas planteando mal las piezas, atrasándose en el desarrollo o cayendo inmisericordemente en tacticadas de tomo y lomo.

Creo firmemente que el método Grau, o cualquier otro que sistemática, amena e inteligentemente provea conocimientos universales que serán usados durante toda la vida del ajedrecista, son indispensables para el jugador contemporáneo, toda vez que serán los rudimentos con los cuales comprender el inmenso cúmulo de conocimientos que existe actualmente y en el que fácilmente se puede extraviar cualquiera que no sepa que debe hacer, que aprender primero, que desechar por el momento.
Una última palabra sobre el actual modo de obtener rating en base al resultado.
Estamos muchos convencidos que una evaluación del resultado de la partida tan rudimentario, que solo toma en cuenta uno de tres escenarios: tablas, ganar o perder, es insuficiente para representar la calidad del jugador, lo que pasó en la partida, la cantidad de variantes que quedaron en el tintero o que debieron ser evaluadas y un montón de situaciones más. En otros deportes la evaluación final del resultado toma en cuenta logros paulatinos y o pequeñas victorias acumuladas. La complejidad del ajedrez, junto con lo subjetivo de las evaluaciones, han dificultado el planteamiento de un temario que pueda ser evaluado para ser la sumatoria de logros an el desarrollo de la partida. La mayor parte de las cosas que nos gustan en el ajedrez, aquellas que son meritorias para un premio de belleza, no son lo suficientemente claras o precisas para convertirlas en puntos. Está por resolverse ese método que nos permita ir más allá del pragmatismo deportivo y nos ayude a calificar la verdadera fuerza del jugador.

Otro aspecto del rating que me gustaría mencionar es el que tiene que ver con su manejo en ICC. Contrariamente al rating FIDE, que se gana jugando sobre el tablero en torneos calificados con categorías oficiales, el obtenido en ICC (y de manera más laxa en otros sitios en internet) carece de validez comparativa, más que a niveles gruesos. Esto es, para definir holgadamente las diferencias entre grupos de fuerza con fronteras más o menos burdas. Eso por no hablar, para no meterse por ahora en problemas de otro tema, de los peligros del rating inflado con métodos no necesariamente legales.
Lo que me llama la atención es que muchos jugadores de rápidas, de blitz, pero mucho más se da el caso en bullet, que obtienen ratings muy altos muy rápido, sienten (y presumen muchos de ellos) que tienen una fuerza tal que les permite compararse con jugadores cuyo rating FIDE y sus resultados en partidas serias son verdaderamente altos. Dado lo expuesto aquí, me queda claro que jugar 2mil partidas de bullet y obteniendo por ello un alto rating en ICC, no es en absoluto demostración de su fuerza ajedrecística. A lo más es demostración de una habilidad de experto en “computer games” que se parece más a la de un bien entrenado jugador de mario bros y a su capacidad de acumular puntos sabiendo por donde pasar. Tampoco me parece que ganar en bullet una que otra partida (de las miles jugadas) a un jugador de “más de 2600″ de rating haga de alguien un mejor jugador de ajedrez.

Respondo las preguntas basado en mi argumentación:

¿Esto es ajedrez? (el bullet)
NO, pero está basado en sus reglas y piezas. Es una variante divertida en la que, como muchas otras, como el atómico, el bug-house y demás, se inventaron para salir un rato de la tensión que provoca la dedicación ardua al estudio y práctica del ajedrez serio. Solo que en este caso no se modificó el movimiento de alguna pieza o la reglamentación de sus jugadas, sino que se redujo al máximo el tiempo para finalizar la partida, y con ello la posibilidad de pensar (!). Desde luego que es un pasatiempo que se adapta a las mil maravillas a esta época que se vive de manera vertiginosa. Gracias a él (el bullet) muchos pueden jugar ajedrez (o algo que se le parece) desde sus lugares de trabajo, en los descansos cada vez más cortos de las labores cotidianas. ¿Qué mejor que practicar un pasatiempo basado en un arte mayor que nos ha fascinado?
¿Es mejor ajedrecista quien acumula muchos triunfos (y mucho rating)?
NO
¿Es válido en ajedrez hacerse de esta manera del triunfo?
SI, pero no determina la calidad ni la fuerza del jugador
¿Esta es la “verdad” sobre una posición dada surgida de una apertura planteada o un plan estratégico?
NO. Ni siquiera sirve para “probar” aperturas o novedades, ya que las situaciones se resolverán de manera diferente al ajedrez clásico.
Dixit.

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