Higiene mental

Domingo, 19 de Abril de 2009

censor

por
LuxAeterna

Muchas veces considero el canal 71 de ICC como una cafetería o un “pub” de esos en donde se pasa un buen rato con los amigos, y se conoce de vez en vez gente interesante que trae su propia forma de ver el mundo y lo destila, aún sin proponérselo, en cada frase o idea que expone.
En muchos aspectos me recuerda momentos entrañables que pasé en dos cafetines, en épocas diferentes y distanciadas entre si en la ciudad de México hace ya algunos ayeres.
El primero se llamaba “la Hiedra” en el barrio de Coyoacán, que de por si tiene esa aura mágica que atrae a escritores, pintores, músicos, filósofos… El lugarcito tenía mesas bajitas e incómodas, pero a nadie parecía importarle. Se había generado espontáneamente un punto en el que coincidían a determinadas horas, que ahora veo como luminosas, una caterva de personajes con las más disímiles ocupaciones e intereses, pero que en su mayoría tenían alguna de tres cosas básicas que les hermanaba, la música, la pasión por la charla con conocimiento y racionalidad y… el ajedrez.
Nunca faltaban por ahí 4 o 5 tableros en las mesas y se juntaban mirones y retadores alrededor de las buenas partidas, que, en La Hiedra, no contaban con reloj, así que mientras uno esperaba su turno, se sentaba en alguna mesa en la que la charla se le hiciese más interesante… o en donde hubiese un lugar disponible y se sumaba al tema que ahí se discutía animadamente. Con los años, de ahí surgieron personajes que han modificado con su estilo pensamiento la cultura en México.
Tiempo después, volví a dar con un sitio en el que surgió otra vez espontáneamente esa mística e intereses comunes. Se trata de la cafetería de la famosa librería Ghandi, en la frontera entre los barrios de San Ángel y Coyoacán. En ese lugar, el ambiente de camaradería era muy similar a La Hiedra, pero en cierto sentido el nivel de la charla era mayor, y también lo era el de su ajedrez. También se recomponía el mundo en charlas de lo más suigéneris y eruditas y se podía enfrentar a un jugador de alto rating en partidas amistosas. Lo que se jugaba ahí, por la cantidad de gente era “pin-pon”, blitz a 5 minutos o a 3 y había que apuntar su nombre en una lista que alguien llevaba en alguna de las mesas que se dedican enteramente al ajedrez. Mientras, como siempre, a sentarse con los amigos en las mesas en las que se tocaban los temas que a uno más le atraían.
El 71 es lo más parecido que he encontrado a esos cafetines, a falta de ellos en el lugar donde resido hoy, y como ahí, en ICC sucede lo mismo, uno puede ir de mesa en mesa hablando cordialmente con quien tenga algo que decir. En esa mesa alguien habla de política y en la de junto se habla de filosofía. Más allá hay uno que comenta sobre fut y otro más sobre poesía o sobre una variante de la siciliana. No falta el chiste rápido, el tema profundo o el sincero interés por los asuntos del otro… casi siempre.
Sucede sin embargo algo que no pasaba en aquellos lugares. Escudados por la seguridad que da la personalidad incógnita que otorga la internet, muchos llegan a este sitio con el afán de molestar o polemizar por el simple gusto de “sacar de sus casillas” a quien se deje.
Y aquí viene el tema del que quería hablar. El uso del comando “censor” en ICC.
Para comenzar, en mi opinión el nombre del comando no es correcto, ya que sugiere un acto descortés y es peyorativo. Ese nombre indica que se utilizará para algo que en principio es contrario al derecho de expresión de quien llega al 71. Es justamente este malentendido el que genera más animadversión en aquellos sobre los que es aplicado. Trataré de explicar mi punto de vista…
Como en los cafés de los que les he hablado, en el 71 pueden bien surgir temas o en algunos casos, gente cuyas opiniones y conductas no son correctas. En esos casos, lo que normalmente pasa en un lugar “real” es que uno simplemente no se sienta en las mesas donde se trata mal a alguien o en las que se tratan temas que no nos son interesantes. Uno es libre de elegir con quien charlar y con quién no. Todo con la cortesía de no herir susceptibilidades. Sencillamente no montar conversación es suficiente. Pero en el “café virtual” esto no es tan sencillo. La mayor parte de las veces, no participar en tal o cual línea de conversación es suficiente. Esa mencionada característica de incógnito, hace que algunos, escudados por la “seguridad” de que jamás verán cara a cara a quienes molestan, hacen cuanto les es posible por entablar una polémica vacía y carente del interés general. En algunas ocasiones, el simple expediente de hacer caso omiso es insuficiente, y la queja con los administradores es engorrosa e inútil, ya que tarde o temprano quien se dedica a molestar lo hará con ese “nick” o con otro. Es el momento de usar el comando de marras.
No es propiamente censurar. Es, a mi juicio, todo lo contrario. Quien utiliza ese comando está permitiendo que aquel a quien se le aplica siga ejerciendo su “derecho” de decir cuanto se le ocurra. De ahí que considere yo que el nombre del comando debe ser otro. Muchos le dicen “bozal”, nada más opuesto a eso. Son más bien unas orejeras que se coloca quien lo utiliza, sin tocar siquiera a quien se le dirige. Quien lo utiliza está poniéndose unos tapones protectores, no le impone al otro un parche en la boca.
Más aún, el comando puede ser usado como una especie de manto protector que impide que se le moleste a uno o se le dirija la palabra.
Si llego a una cafetería y solo saludo y hablo a quienes me tratan bien y no hablo ni escucho a desconocidos (o a conocidos por su falta de tacto y buenas maneras), nadie me reprochará que sea intolerante o que esté atentando contra el derecho de alguien a expresarse.
No encuentro una palabra que, sola, exprese esta función del comando. Algo como “no me interesa en este momento hablar ni saber de ti” es algo rudo y no expresa correctamente la idea. Es más bien algo como: “en este momento solo estoy interesado en algunas charlas y personas, puedes seguir hablando, pero no me tomes en cuenta”. Quizás algo como “bloquear”, “evitar” o “desaparecer” den una mejor idea, aunque todas tienen un tinte de intolerancia peyorativa.
Es un derecho la capacidad de decidir con quién quiero convivir y quién me es indiferente o abiertamente antipático, aún en un lugar en el que la camaradería y el buen talante de todos es lo que nos atrae. Si los demás no me “censuran”, eso me indica que me comporto correctamente y no le soy antipático a la mayoría… aunque aún sin portarme grosero pueda serle antipático a muchos y me “censuren” si así lo desean.
En todo caso, si alguien comienza a ser ostensiblemente majadero o molesto, un suficiente número de quejas hará que se le bote del canal por un tiempo o definitivamente, según el grado de tropelías que cometa. Mientras, a los que no tenemos el gusto por meternos en esos bretes de acusaciones o polémicas, a los que las mismas nos afectan de igual modo en que lo hace quien será acusado, nos viene de perlas un comando estabilizador de la paz de nuestras pantallas y nos da la oportunidad de decidir quien tiene derecho a ser mostrado en nuestra pantalla ante nuestra familia, nuestro entorno de paz, nuestra oficina o sencillamente nuestra buhardilla.
¡Quien pudiese utilizar el comando cuando escucha en la radio o en la tv vendedores de jabón que se han metido a mi recámara! o a heraldos de noticias morbosas o desalentadoras. Usarlo con cordura y racionalidad no es convertirse en avestruz y esconderse de la realidad en una burbuja gazmoña y puritana. Es decidir a quién permito que me contagie de su modo de ver el mundo, de su amistad sincera y de sus ideas para vivir de mejor manera.

Dixit

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