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Higiene mental

Domingo, 19 de Abril de 2009

censor

por
LuxAeterna

Muchas veces considero el canal 71 de ICC como una cafetería o un “pub” de esos en donde se pasa un buen rato con los amigos, y se conoce de vez en vez gente interesante que trae su propia forma de ver el mundo y lo destila, aún sin proponérselo, en cada frase o idea que expone.
En muchos aspectos me recuerda momentos entrañables que pasé en dos cafetines, en épocas diferentes y distanciadas entre si en la ciudad de México hace ya algunos ayeres.
El primero se llamaba “la Hiedra” en el barrio de Coyoacán, que de por si tiene esa aura mágica que atrae a escritores, pintores, músicos, filósofos… El lugarcito tenía mesas bajitas e incómodas, pero a nadie parecía importarle. Se había generado espontáneamente un punto en el que coincidían a determinadas horas, que ahora veo como luminosas, una caterva de personajes con las más disímiles ocupaciones e intereses, pero que en su mayoría tenían alguna de tres cosas básicas que les hermanaba, la música, la pasión por la charla con conocimiento y racionalidad y… el ajedrez.
Nunca faltaban por ahí 4 o 5 tableros en las mesas y se juntaban mirones y retadores alrededor de las buenas partidas, que, en La Hiedra, no contaban con reloj, así que mientras uno esperaba su turno, se sentaba en alguna mesa en la que la charla se le hiciese más interesante… o en donde hubiese un lugar disponible y se sumaba al tema que ahí se discutía animadamente. Con los años, de ahí surgieron personajes que han modificado con su estilo pensamiento la cultura en México.
Tiempo después, volví a dar con un sitio en el que surgió otra vez espontáneamente esa mística e intereses comunes. Se trata de la cafetería de la famosa librería Ghandi, en la frontera entre los barrios de San Ángel y Coyoacán. En ese lugar, el ambiente de camaradería era muy similar a La Hiedra, pero en cierto sentido el nivel de la charla era mayor, y también lo era el de su ajedrez. También se recomponía el mundo en charlas de lo más suigéneris y eruditas y se podía enfrentar a un jugador de alto rating en partidas amistosas. Lo que se jugaba ahí, por la cantidad de gente era “pin-pon”, blitz a 5 minutos o a 3 y había que apuntar su nombre en una lista que alguien llevaba en alguna de las mesas que se dedican enteramente al ajedrez. Mientras, como siempre, a sentarse con los amigos en las mesas en las que se tocaban los temas que a uno más le atraían.
El 71 es lo más parecido que he encontrado a esos cafetines, a falta de ellos en el lugar donde resido hoy, y como ahí, en ICC sucede lo mismo, uno puede ir de mesa en mesa hablando cordialmente con quien tenga algo que decir. En esa mesa alguien habla de política y en la de junto se habla de filosofía. Más allá hay uno que comenta sobre fut y otro más sobre poesía o sobre una variante de la siciliana. No falta el chiste rápido, el tema profundo o el sincero interés por los asuntos del otro… casi siempre.
Sucede sin embargo algo que no pasaba en aquellos lugares. Escudados por la seguridad que da la personalidad incógnita que otorga la internet, muchos llegan a este sitio con el afán de molestar o polemizar por el simple gusto de “sacar de sus casillas” a quien se deje.
Y aquí viene el tema del que quería hablar. El uso del comando “censor” en ICC.
Para comenzar, en mi opinión el nombre del comando no es correcto, ya que sugiere un acto descortés y es peyorativo. Ese nombre indica que se utilizará para algo que en principio es contrario al derecho de expresión de quien llega al 71. Es justamente este malentendido el que genera más animadversión en aquellos sobre los que es aplicado. Trataré de explicar mi punto de vista…
Como en los cafés de los que les he hablado, en el 71 pueden bien surgir temas o en algunos casos, gente cuyas opiniones y conductas no son correctas. En esos casos, lo que normalmente pasa en un lugar “real” es que uno simplemente no se sienta en las mesas donde se trata mal a alguien o en las que se tratan temas que no nos son interesantes. Uno es libre de elegir con quien charlar y con quién no. Todo con la cortesía de no herir susceptibilidades. Sencillamente no montar conversación es suficiente. Pero en el “café virtual” esto no es tan sencillo. La mayor parte de las veces, no participar en tal o cual línea de conversación es suficiente. Esa mencionada característica de incógnito, hace que algunos, escudados por la “seguridad” de que jamás verán cara a cara a quienes molestan, hacen cuanto les es posible por entablar una polémica vacía y carente del interés general. En algunas ocasiones, el simple expediente de hacer caso omiso es insuficiente, y la queja con los administradores es engorrosa e inútil, ya que tarde o temprano quien se dedica a molestar lo hará con ese “nick” o con otro. Es el momento de usar el comando de marras.
No es propiamente censurar. Es, a mi juicio, todo lo contrario. Quien utiliza ese comando está permitiendo que aquel a quien se le aplica siga ejerciendo su “derecho” de decir cuanto se le ocurra. De ahí que considere yo que el nombre del comando debe ser otro. Muchos le dicen “bozal”, nada más opuesto a eso. Son más bien unas orejeras que se coloca quien lo utiliza, sin tocar siquiera a quien se le dirige. Quien lo utiliza está poniéndose unos tapones protectores, no le impone al otro un parche en la boca.
Más aún, el comando puede ser usado como una especie de manto protector que impide que se le moleste a uno o se le dirija la palabra.
Si llego a una cafetería y solo saludo y hablo a quienes me tratan bien y no hablo ni escucho a desconocidos (o a conocidos por su falta de tacto y buenas maneras), nadie me reprochará que sea intolerante o que esté atentando contra el derecho de alguien a expresarse.
No encuentro una palabra que, sola, exprese esta función del comando. Algo como “no me interesa en este momento hablar ni saber de ti” es algo rudo y no expresa correctamente la idea. Es más bien algo como: “en este momento solo estoy interesado en algunas charlas y personas, puedes seguir hablando, pero no me tomes en cuenta”. Quizás algo como “bloquear”, “evitar” o “desaparecer” den una mejor idea, aunque todas tienen un tinte de intolerancia peyorativa.
Es un derecho la capacidad de decidir con quién quiero convivir y quién me es indiferente o abiertamente antipático, aún en un lugar en el que la camaradería y el buen talante de todos es lo que nos atrae. Si los demás no me “censuran”, eso me indica que me comporto correctamente y no le soy antipático a la mayoría… aunque aún sin portarme grosero pueda serle antipático a muchos y me “censuren” si así lo desean.
En todo caso, si alguien comienza a ser ostensiblemente majadero o molesto, un suficiente número de quejas hará que se le bote del canal por un tiempo o definitivamente, según el grado de tropelías que cometa. Mientras, a los que no tenemos el gusto por meternos en esos bretes de acusaciones o polémicas, a los que las mismas nos afectan de igual modo en que lo hace quien será acusado, nos viene de perlas un comando estabilizador de la paz de nuestras pantallas y nos da la oportunidad de decidir quien tiene derecho a ser mostrado en nuestra pantalla ante nuestra familia, nuestro entorno de paz, nuestra oficina o sencillamente nuestra buhardilla.
¡Quien pudiese utilizar el comando cuando escucha en la radio o en la tv vendedores de jabón que se han metido a mi recámara! o a heraldos de noticias morbosas o desalentadoras. Usarlo con cordura y racionalidad no es convertirse en avestruz y esconderse de la realidad en una burbuja gazmoña y puritana. Es decidir a quién permito que me contagie de su modo de ver el mundo, de su amistad sincera y de sus ideas para vivir de mejor manera.

Dixit

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Cuestión de estilo

Lunes, 13 de Abril de 2009

por
LuxAeterna

Hace tiempo hice una imagen interactiva con tema de tiempo… y de ajedrez.
Basado en la misma idea, ahora desarrollé esta otra que muestra una celada que suelo jugar en la Ruy López y que me da buenos resultados en blitz.
En la siguiente foto, deslicen el “mouse” hacia cada esquina de la imagen, o hacia el centro de la misma para ver distintos estilos de juego con la misma posición :) .

Si quieren ver la composición a la que hago referencia arriba, hacer clic aquí, solo hay que esperar a que cargue la imagen, pues al inicio solo se ve blanca la pantalla… paciencia.

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Tablas perfectas

Domingo, 22 de Marzo de 2009

por
LuxAeterna

Las mieles del juego sin errores

A finales de los 70’s apareció en la revista mexicana “Tiempo” un artículo del MI Kenneth Frey, que en aquel entonces era el jugador mexicano más exitoso desde los tiempos de Torre Repetto (Frey es ahora uno de los más fuertes GM de ajedrez por correspondencia). Dicho artículo, del que no tengo ya copia alguna, hablaba de una partida entre dos olvidados jugadores en 1870, en la ciudad de Viena. Según recuerdo, el tema del artículo de marras era que el juego de ambos bandos había seguido un curso basado en el sentido común y en la premisa de que, sin errores, la conclusión es que no se debe perder. Creo que el título era algo así como “la partida perfecta” o “sin errores”. Es una miniatura que me mostró a la ciega un buen amigo de aquellos días, Cesar Tort, de regreso a casa  en un taxi compartido después de un torneo. Llegando a casa la puse en el tablero y corroboré los análisis que, según me me había contado Cesar, había leído en el metro en la susodicha revista.
Muchos años más tarde  me vino a la mente la partida y la busqué en la mega-base. Ahora la analicé con Rybka y me doy cuenta que ha soportado el paso del tiempo ya que básicamente no tiene desperdicio, ambos jugadores hicieron lo correcto y el blanco siguió con buen juicio una línea pagmática (teniendo según rybka una oportunidad de mejorar, pero prefirió no meterse en juego poco claro) y que lleva a unas increíbles tablas después de aventurar a su rey en un larguísimo viaje hasta la sexta línea, dejando a su país de origen en lontananza. Para haber sido una partida jugada en una época en que las posibilidades de profundidad de análisis y la fuerza táctica de los motores de silicio actuales era inimaginable, me sorprende la corrección y sobre todo la decisión con que fué jugada.
Les muestro la partida y después les comento algunos aspectos interesantes que descubrí mientras la buscaba…

Cuando puse la posición de sacrificio de alfil en el chessbase, el resultado de la búsqueda me dió inmediatamente la partida de 1870, pero también me presentó 12 partidas más con resultado de tablas . Pensé que a alguien más se le habría ocurrido el sacrificio en la apertura vienesa (es paradójico que fuese jugada en Viena :) ) así que revisé las partidas que surgieron en la búsqueda, y para mi sorpresa, ¡Todas ellas habían seguido exactamente la secuencia de la de Hampe-Meitner!. Ninguna se desvió con las líneas secundarias (ni el blanco ni el negro). La repetición más moderna y ya con posibilidad de que los jugadores pudiesen haber analizado previamente las variantes con un buen “engine” es de 2003, de unos jugadores argentinos. Me parece muy dudoso que esas partidas hayan sido resueltas en el tablero, porque ninguna presenta la más mínima desviación de la primigenia. La necesaria preparación de la partida en un torneo moderno, indica que es poco probable que los jugadores escojan una línea tan arriesgada sin conocerla, lo que me hace pensar que en todas esas partidas los oponentes conocían la susodicha partida modelo y se limitaron a repasarla burdamente sin empacho, para lograr unas tablas interesantes sin tener que concertarlas en las primeras jugadas, como muchas tablas “de compadre”. Quizá lo desconocido de los nombres de la partida de 1870 aunado a la sencillez de la partida, la hacen candidata para “representarla” si alguien se la encuentra por primera vez. ¿Que piensan?

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Sobre el rating, el bullet y el ajedrez clásico.

Domingo, 15 de Marzo de 2009

por
LuxAeterna

chesslap2ch

En una de las explosivas charlas en el canal, surgió el tema del conocimiento ajedrecístico y su vinculación con la fuerza del jugador.
El planteamiento fue más o menos así: Alguien opinó que los libros de Grau eran un muy buen método para hacerse de conocimientos que permitieran progresar en la práctica del juego. Otro más opinó que los libros de Grau se escribieron en una época en la que no existían las computadoras y que por lo tanto no eran libros que ayudaran a jugar bien en el ICC.
Es más, no son útiles para ganar en el “bullet” o en el blitz, y quién decía esto parecía afirmar que el juego ha “avanzado” de tal manera que esos manuales eran prácticamente inútiles.
Como parte de la argumentación de quienes defendían las bondades de estudiar a Grau, surgió la frase “estamos hablando de ajedrez, no de bullet” a lo que los antagonistas pasaron a defender la valía del bullet y del blitz como parte del bagaje que debe tener un ajedrecista contemporáneo.
Me parece de mucho interés el tema, ya que presenta diferentes puntos de vista para comprender la cuestión “quién juega bien al ajedrez”, o dicho de otra manera, quién tiene mayor nivel en ajedrez.

Me explico…

Si bien es cierto que el rating es utilizado para tener un referente de la fuerza del jugador, con respecto al universo de practicantes, es solo una manera burda de evaluar, ya que se basa en el resultado final, sin considerar el modo en el que fue decidido ese resultado.

Esto es de particular importancia en partidas rápidas y super-rápidas (bullet).

En estas partidas, la manera de obtener el punto se debe en muchas ocasiones a situaciones que no tienen que ver con el ajedrez en sí, sino a cuestiones mecánicas como un buen ratón, una conexión confiable, buenos reflejos conocimiento de la interfase y si me apuran, a argucias y triquiñuelas en las que se busca que el contrario caiga en problemas de tiempo; a complicaciones no necesariamente correctas en su planteamiento, esto es, planteamiento de combinaciones equívocas pero con la suficiente complejidad como para que el oponente necesite pensar unos segundos para no entrar en una línea abiertamente perdedora. Es más, en muchas ocasiones ni siquiera es necesario dar con una complicación que requiera un conocimiento táctico, sino una trampa burda -sabiendo que el reflejo del jugador hará el trabajo en automático- hará que la jugada lógica que preveía el oponente se convierta en un error porque no fue jugada aquella que esperaba, sino una pésima, a propósito, tratando de sacar provecho de la necesidad de jugar rápido. Estamos hablando de partidas de un minuto o menos.
Entiéndase que no estoy sugiriendo que para ganar en bullet no sea necesario el conocimiento ajedrecístico, lo que digo es que ese conocimiento, que puede tenerlo igual el adversario, no es el único, ni el más importante factor a la hora de hacerse con el punto.
Dos jugadores de igual fuerza en conocimientos teóricos y capacidades tácticas, difícilmente harán tablas en un bullet. Se llevará el punto, por tiempo, el que tenga mejor manejo del software, mejor ratón, mejor conexión, más mañas extra ajedrecísticas, mejores reflejos y un costal de trucos para complicar, obtener unas tablas por falta de material para ganar o por jaques constantes de sacrificios inútiles desde el punto de vista de la verdad ajedrecística y suficientes para ganar dos segundos en el reloj, aún con tres piezas de menos.
Las preguntas son ¿Esto es ajedrez?, ¿Es mejor ajedrecísta quien acumula muchos triunfos (y mucho rating) así? ¡Es válido en ajedrez hacerse de esta manera del triunfo? ¿Esta es la “verdad” sobre una posición dada surgida de una apertura planteada o un plan estratégico?…
Como dijo el Jack destripador “vamos por partes”.

El ajedrez deportivo
Es absolutamente cierto que en los torneos actuales de élite las partidas se ganan por lograr que el contrario pierda el camino, que caiga en una celada nueva, o que se complique la posición aún por medio de combinaciones poco confiables. Esto es parte del ajedrez de competencia. La necesidad de obtener un resultado y no la de hacer una partida correcta, se deja sentir en la “calidad” de las partidas y hace que se tomen decisiones prácticas sobre el tablero.
Los ritmos impuestos por la FIDE en los últimos tiempos, que protegen un tipo de ajedrez “que atraiga la atención de espectadores y patrocinadores” han hecho esto más y más posible. Se juega con más emoción de ver quien caerá y no necesariamente quién juega el mejor y más correcto ajedrez.
La preocupación de muchos GM sobre el abandono de los tiempos “clásicos” de ajedrez, es porque se está perdiendo la esencia misma del ajedrez, que es el uso de la razón para descubrir los movimientos más certeros para ganar una partida. Esto es, la reducción al máximo de los errores debidos al mal cálculo y a la premura y la posibilidad de utilizar al máximo los conocimientos teóricos y tácticos, sin tretas baratas o de combinaciones insostenibles en un análisis serio post mortem.

El reloj de Fischer
Esto último es lo que tenía en mente Fischer cuando propuso (sin que existiese la tecnología para resolverlo fácilmente) que cada jugada realizada tuviese un aumento en la cantidad de tiempo disponible para la partida. Esto evitaría que la partida se perdiera por el agotamiento del tiempo. En realidad, el uso de relojes en ajedrez nunca fue intentado en su origen para que la partida durara un tiempo definido. El ajedrez siempre fue concebido como un planteamiento de posibilidades de ambos bandos que pueden ser meditadas hasta encontrar la jugada correcta, sin importar cuanto tome hacerla. Los relojes se comenzaron a usar para marcar “ritmos” de juego, en el que ambos jugadores tuviesen las mismas oportunidades. Tan es así que las partidas eran aplazadas para continuarse después del descanso de los jugadores.

Lógico es pensar que para las exigencias de obtención rápida de beneficios económicos de los organizadores de torneos y con el advenimiento de las computadoras, las partidas aplazadas, y los tiempos largos para la meditación fueron desapareciendo las unas y acortándose los otros. Pero con todo ello se perdió la calidad de juego.

Las anteriores reflexiones me llevan a deducir que la esencia del ajedrez no es únicamente la ganancia deportiva del punto, sino la corrección del planteamiento y su correcta ejecución, así como su limpieza de errores de bulto y la belleza de las combinaciones que, por definición, se basan en cálculo de jugadas correctas, forzadas y poco evidentes (de ahí su dificultad), o de la consecución de tablas por haber jugado para conseguir denodadamente la victoria, pero sin descuidar la defensa y que lleva a un juego equilibrado, no necesariamente soso ni balanceado. Las tendencias modernas para obtener esos resultados incluyen estrategias “dinámicas” en las que un aparente desbalance material, manejado con maestría, obtiene la igualdad y en no pocas veces un resultado de victoria. En estos casos el rating, esto es, la manera de evaluar a estos talentosos jugadores, habla menos de resultados y más de conocimiento del ajedrez. De verdadera fuerza.
A mayor duración de la partida, más resaltan las verdaderas capacidades ajedrecísticas y menos necesarias son las argucias extra ajedrecísticas. A menor tiempo, el rating mide más la capacidad de entrampar al oponente y menos su conocimiento teórico. Hasta cierto punto, ambas posibilidades de ganar son parte del ajedrez, pero una de ellas se basa en el “buen” ajedrez y otra en la ortopedia que le rodea.

La era Fritz
Con el advenimiento de las bases de datos, los “engines” y el internet, el panorama ajedrecístico cambió, como es sabido por cualquiera, dramáticamente. El hecho de que hoy podamos jugar contra un GM desde nuestra sala (o desde la cama) en ICC, o que podamos analizar todas (¡sí, todas!) las partidas de los principales jugadores de la historia, o que podamos practicar y por ende aprender (y aprehender) más fácil los conceptos teóricos por medio de buenos libros en medios electrónicos y audiovisuales ha permitido que la edad para llegar a obtener buenos resultados, y hasta títulos profesionales, se haya acortado muchísimo. No hay duda, hay más conocimiento y práctica al alcance. Pero todo esto tiene su contraparte. En muchos casos, la utilización de computadoras para analizar partidas (cuyas evaluaciones se dan en términos numéricos y no conceptuales) ha hecho que dejemos de lado el uso de nuestras capacidades de raciocinio y confiemos en lo que dice la máquina. Por otro lado, jugar en internet, debido a los tiempos disponibles para hacerlo, nos ha hecho dedicarnos más tiempo a partidas rápidas y ultra-rápidas, en donde ya no es importante demostrar o demostrarnos que tenemos conocimiento para resolver una posición, sino la obtención de una satisfacción rápida (a la manera de Pavlov) y la acumulación avariciosa de un rating mentiroso que no mide nuestra capacidad ajedrecística sino nuestra experiencia en la obtención de esa satisfacción, haciendo del ajedrez algo más parecido a un video-juego de habilidades y reflejos que al proverbial arte del cálculo de variantes.

No ayuda en nada la posibilidad actual de embarcarnos inmediatamente en otra partida cada vez que perdemos, con lo que hasta nuestra capacidad de aprender del análisis de los errores se ha cambiado por la práctica repetitiva de patrones de éxito que funcionan solo a ese nivel de juego bochornosamente anti-racional.
Nadie dice que no sea divertido. O que sea un pecado hacerlo… pero en bien de nuestro deporte, bien haríamos en dedicar tiempo a practicarlo con seriedad y dejar para descansar la mente el embarcarnos en estos lapsus de evasión de la realidad.
El argumento de que el blitz o el bullet sirven para probar novedades o para practicar partidas “lentas” ha sido desmantelado por cantidad de entrenadores y Grandes maestros. Hace poco leí un comentario de un GM en una de las partidas del match entre Topalov y Kamsky que decía que al éste último le había hecho muy mal jugar tantas partidas bullet con Smallville en ICC. No lo dudo.

La serpiente que se muerde la cola
Volvamos al inicio de esta perorata para tratar el punto de la preparación en general y el método de Grau y luego responder a las preguntas que plantee después.
Estoy convencido que unas buenas bases en ajedrez no se obtienen sabiendo de memoria la última novedad en la apertura tal o cual, o la última partida de fulano. Tampoco por tener la colección completa de dvd’s de mengano. La verdadera maestría conlleva el aprendizaje de fundamentos que no han cambiado en nada desde épocas de Steinitz y Tarrasch (quizás de alguno que otro cubista, todos ellos de antes de la mitad del siglo pasado como máximo) y de la práctica y consejo que se obtienen jugando contra jugadores más fuertes.

Esto es cierto tanto para el jugador de rápidas como para el de partidas “serias” (de verdadero ajedrez, dirían nuestros chateadores). Aún cuando la mayor parte del tiempo el punto en las rápidas se obtiene por cuestiones extra-ajedrecísticas, nadie ha ganado muchas partidas planteando mal las piezas, atrasándose en el desarrollo o cayendo inmisericordemente en tacticadas de tomo y lomo.

Creo firmemente que el método Grau, o cualquier otro que sistemática, amena e inteligentemente provea conocimientos universales que serán usados durante toda la vida del ajedrecista, son indispensables para el jugador contemporáneo, toda vez que serán los rudimentos con los cuales comprender el inmenso cúmulo de conocimientos que existe actualmente y en el que fácilmente se puede extraviar cualquiera que no sepa que debe hacer, que aprender primero, que desechar por el momento.
Una última palabra sobre el actual modo de obtener rating en base al resultado.
Estamos muchos convencidos que una evaluación del resultado de la partida tan rudimentario, que solo toma en cuenta uno de tres escenarios: tablas, ganar o perder, es insuficiente para representar la calidad del jugador, lo que pasó en la partida, la cantidad de variantes que quedaron en el tintero o que debieron ser evaluadas y un montón de situaciones más. En otros deportes la evaluación final del resultado toma en cuenta logros paulatinos y o pequeñas victorias acumuladas. La complejidad del ajedrez, junto con lo subjetivo de las evaluaciones, han dificultado el planteamiento de un temario que pueda ser evaluado para ser la sumatoria de logros an el desarrollo de la partida. La mayor parte de las cosas que nos gustan en el ajedrez, aquellas que son meritorias para un premio de belleza, no son lo suficientemente claras o precisas para convertirlas en puntos. Está por resolverse ese método que nos permita ir más allá del pragmatismo deportivo y nos ayude a calificar la verdadera fuerza del jugador.

Otro aspecto del rating que me gustaría mencionar es el que tiene que ver con su manejo en ICC. Contrariamente al rating FIDE, que se gana jugando sobre el tablero en torneos calificados con categorías oficiales, el obtenido en ICC (y de manera más laxa en otros sitios en internet) carece de validez comparativa, más que a niveles gruesos. Esto es, para definir holgadamente las diferencias entre grupos de fuerza con fronteras más o menos burdas. Eso por no hablar, para no meterse por ahora en problemas de otro tema, de los peligros del rating inflado con métodos no necesariamente legales.
Lo que me llama la atención es que muchos jugadores de rápidas, de blitz, pero mucho más se da el caso en bullet, que obtienen ratings muy altos muy rápido, sienten (y presumen muchos de ellos) que tienen una fuerza tal que les permite compararse con jugadores cuyo rating FIDE y sus resultados en partidas serias son verdaderamente altos. Dado lo expuesto aquí, me queda claro que jugar 2mil partidas de bullet y obteniendo por ello un alto rating en ICC, no es en absoluto demostración de su fuerza ajedrecística. A lo más es demostración de una habilidad de experto en “computer games” que se parece más a la de un bien entrenado jugador de mario bros y a su capacidad de acumular puntos sabiendo por donde pasar. Tampoco me parece que ganar en bullet una que otra partida (de las miles jugadas) a un jugador de “más de 2600″ de rating haga de alguien un mejor jugador de ajedrez.

Respondo las preguntas basado en mi argumentación:

¿Esto es ajedrez? (el bullet)
NO, pero está basado en sus reglas y piezas. Es una variante divertida en la que, como muchas otras, como el atómico, el bug-house y demás, se inventaron para salir un rato de la tensión que provoca la dedicación ardua al estudio y práctica del ajedrez serio. Solo que en este caso no se modificó el movimiento de alguna pieza o la reglamentación de sus jugadas, sino que se redujo al máximo el tiempo para finalizar la partida, y con ello la posibilidad de pensar (!). Desde luego que es un pasatiempo que se adapta a las mil maravillas a esta época que se vive de manera vertiginosa. Gracias a él (el bullet) muchos pueden jugar ajedrez (o algo que se le parece) desde sus lugares de trabajo, en los descansos cada vez más cortos de las labores cotidianas. ¿Qué mejor que practicar un pasatiempo basado en un arte mayor que nos ha fascinado?
¿Es mejor ajedrecista quien acumula muchos triunfos (y mucho rating)?
NO
¿Es válido en ajedrez hacerse de esta manera del triunfo?
SI, pero no determina la calidad ni la fuerza del jugador
¿Esta es la “verdad” sobre una posición dada surgida de una apertura planteada o un plan estratégico?
NO. Ni siquiera sirve para “probar” aperturas o novedades, ya que las situaciones se resolverán de manera diferente al ajedrez clásico.
Dixit.

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¿Qué opina Kasparov de Fischer?

Miércoles, 11 de Marzo de 2009

libro-fisher

por Manuel López Michelone
(morsa)

Acabo de adquirir el libro “Bobby Fischer, his approach to chess”, de Elie Agur (ed. Cadogan), cuyo autor -según he leído- es un jugador de unos 2250 puntos elo. Su trabajo parece más bien una tesis que un libro de ajedrez. A diferencia de otros libros sobre algún jugador connotado, Agur se dedica a literalmente “disectar” el estilo de Fischer, empezando por la estructura de peones que le gustaba usar, dónde colocaba las piezas, las consideraciones materiales, los planes estratégico, el arte de la liquidación, el mantenimiento de la tensión posicional, entre otros temas.

La investigación de Agur me parece muy novedosa y además, me da la impresión que es un buen modelo a seguir cuando se estudia a un jugador. Considerando que le llevó tres años, este es un trabajo excepcional en donde el autor verdaderamente se aplicó a intentar comprender el enfoque al ajedrez.

El prólogo del libro está escrito por Garry Kasparov. Los transcribo (traducido por mí, así que se aplica eso de ¡Traductor traidor!), para que se den cuenta de lo que dice uno de los mejores jugadores del planeta sobre Fischer. Me parece que Garry se ha visto justo y humilde ante lo que Fischer logró. Pero entremos en materia:

Prólogo

Todavía recuerdo los días del campeonato mundial entre Spassky y Fischer en 1972. Yo era un niño de nueve años haciendo mis primeros pasos en la carrera ajedrecística, en la pacífica Bakú. Yo sabía, por supuesto, que Spassky, el campeón del mundo reinante era un muy fuerte jugador, pero yo tenía la idea de que Fischer, mi ídolo de ajedrez de ese entonces, era un jugador de otro calibre, alguien que estaba en otra clase, en su propia clase.

La escena del ajedrez ha cambiado mucho desde entonces y yo, he hecho algunos progresos en estos veinte años… Cuando comparo mi propia carrera con la de Fischer, debo admitir que yo gocé de cierta ventaja sobre él. El no tenía nadie a su lado como para alcanzar las alturas a las que llegó, en donde yo tuve el privilegio de tener un jugador de primera clase como Karpov, que me forzó a esforzarme más a mí mismo y avanzar todavía más arriba.

Si uno puede juzgar la fuerza de los jugadores comparándolos con sus contemporáneos, pareciera que los logros de Fischer son imposibles de sobrepasar. El espacio entre él y sus más cercanos rivales fue el más amplio que ha habido entre el campeón del mundo y los jugadores de más alto rating en su tiempo. Él estaba unos 10 a 15 años por encima de su tiempo, en preparación y entendimiento. Esto puede atribuirse en parte a su dedicación al juego, que fue jamás igualada por otros jugadores antes o en el tiempo de Fischer.

Yo le recuerdo como una combinación mitológica, un centauro si usted quiere, una síntesis entre hombre y ajedrez.

Y no es una partida en particular la cual me impresionó, aunque él jugó grandes partidas. Es su actitud profesional al juego, sus cualidades como luchador que me llamaban tanto la atención. Fischer fue el primer jugador profesional realmente y yo me considero su seguidor.

Estudiar los juegos de Fischer es importante, pienso, para cualquier jugador de cualquier fuerza ajedrecística. Pero sobre todas las cosas, esto le dará una idea de cómo enfocarse al juego, o ponerlo de otra manera, esto deberá cambiar su actitud al juego de manera que le permita mejor su propio nivel.

Garry Kasparov (1992)

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Bobby Fischer: jugador fuera de serie

Martes, 10 de Marzo de 2009

por Manuel López Michelone
(morsa)
Artículo publicado en la web de la revista Proceso

match_del_siglo

El match de 1972.Izquierda: seconds de Spassky,
Geller,Nei, Krogius. Derecha: Second de Fisher,
Lombardy; Vocero de Fisher, Fred Cramer.
(Ilustración tomada de la “Golombek’s Encyclopedia of Chess”)

.

Hace un par de días terminé de leer la biografía de Robert James Fischer, campeón del mundo de ajedrez entre el año 1972 al año 1975, y que perdió su título al no enfrentarse a Anatoly Karpov, naciente jugador del régimen soviético de aquella época el cual, sin lugar a dudas, era la gran promesa del ajedrez ruso. Fischer había en menos de 20 años acabado con la supremacía soviética al derrotar a Boris Spassky en Islandia, en el match por el campeonato mundial, por un resultado de 12.5 puntos contra 8.5. El ruso tuvo que aceptar que Bobby era realmente superior en todo dentro del ajedrez e incluso, a pesar de llevar una ventaja inicial de dos puntos (Spassky ganó la primera partida en el tablero y la segunda partida también, esta última por incomparecencia, pues Fischer exigió que retirarán las cámaras de video de la sala de juego y al no concederle eso, simplemente no se presentó).

Pero fuera de la especialísima manera de ser de Bobby Fischer, sin duda el norteamericano era un jugador fuera de serie. En la biografía de Brady, “Bobby Fischer, profile of a Prodigy” (Ed. Dover), el autor de la misma da cuenta de los esfuerzos que hizo el gran jugador norteamericano para convertirse en campeón mundial, así como la cantidad de piedras en el camino que tuvo que sortear, como cuando en los torneos de candidatos los rusos, que siempre eran mayoría, se dejaban ganar para así asegurarse que un ruso fuese el retador a campeón del mundo. Fue Fischer que con sus protestas logró que se cambiara el sistema de torneo de todos contra todos a matches individuales. Sus críticas a la Federación Internacional de Ajedrez lo llevó al extremo de decir que no jugaría en ningún torneo oficial hasta que la FIDE cambiara la manera de hacer las cosas… y lo cumplió. Fischer dejó de jugar casi dos años debido a esto, dentro del circuito internacional.

En la medida que el genio norteamericano iba subiendo su nivel (ya a los 15 años era gran maestro y probablemente uno de los cinco mejores del mundo), empezaron sus peticiones a los organizadores de los torneos. Nada parecía gustarle. La luz era muy brillante o muy escasa. Las piezas brillaban mucho en el tablero. Siendo adventista se le debía respetar el sabbath, así que Fischer no jugaba desde el sábado en la tarde al domingo a esa misma hora. Si lo anterior parecía poco en realidad lo era, pues con los años empezó además a pedir una retribución económica por el hecho de participar en algún evento ajedrecístico. Su cuota iba de 2000 a 5000 dólares por torneo. Muchos organizadores simplemente decían que no podían pagarle eso y Fischer entonces no acudía a ese particular evento.

Peticiones más o menos, Bobby Fischer, sin embargo, era un jugador extraordinario. Su nivel competitivo era tal que estaba dispuesto a jugar hasta el último peón. No otorgaba tablas fáciles y su alto desempeño lo hacían además más peligroso aún. El ahora gran maestro Soltis decía que jugar contra Bobby significaba algo como “sé que tengo una buena posición, pero seguro voy a perder con Bobby, no importando qué haga”. Ese sentimiento era compartido por sus colegas grandes maestros de la época. Bobby era un monstruo frente al tablero y siempre jugaba a ganar.

Para darse una idea de su nivel en 1970 en adelante, Fischer ganó las seis últimas partidas del interzonal, que lo clasificó al torneo de candidatos. Posteriormente derrotó a el GM Mark Taimanov, a todo esto pianista profesional, en su match individual por 6-0. Le siguió el GM de Dinamarca, Bent Larsen, que también perdió 6-0, asunto que nadie podía creer. El mejor jugador de occidente –aparte de Fischer– era Larsen y no pudo quedarse ni con medio punto en 6 partidas. Después venció a Petrosian, ganando la primera partida y perdiendo la segunda. Así, Fischer acumuló en el más alto nivel 19 partidas sin conceder siquiera un empate. Quizás eso no se vuelva a ver nunca más. Al final, como ya dijimos, venció a Spasky 12.5 a 8.5 y así lograr su sueño de ser campeón del mundo. En mi opinión Fischer es el mejor jugador de la historia. Él solía decir que para jugar al ajedrez se necesita concentración y amor total al juego. Bobby nunca nos decepcionó al respecto.

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Los misterios de la mente

Viernes, 27 de Febrero de 2009

por
Manuel López Michelone
(morsa)

En 1976, cuando balbuceaba en este fantástico mundo que es el ajedrez, jugué una partida (yo con blancas), contra un juvenil tan entusiasta como yo. Su nombre era Jesús Angel García, al cual no he visto desde hace años en los torneos. Asumo que se dedicó a otras actividades menos interesantes pero más lucrativas. La partida fue así:

Lo simpático del asunto es que 20 años después, un día despierto y mi mente está en esta partida (precisamente en la jugada 16Td1+). Y de pronto, tengo un análisis que me indica que 16…Ad7 fue la jugada equivocada del negro. Si en lugar de eso hubiese jugado 16. …Cd7 la línea con 17.De4 hubiese sido imposible, pues b6 estaría defendido. Fritz, desde luego, encuentra otras maneras de ganar para el blanco, pero algo es claro: en mi cabeza quedó sin resolver esa variante 20 años atrás y en uno de esos misterios del cerebro, éste había finalmente encontrado tiempo para meditar sobre esta posición.
Entonces se me ocurrió si a alguien más le habría pasado una experiencia similar. Aparentemente esto es más común de lo que pensamos. Por ejemplo, se sabe que Efim Géller fue un analista incansable. Para él, en sus propias palabras, el ajedrez era el antídoto a todas las desgracias de la vida: No parece sorprendente que cuando dormía susurrara jugadas de ajedrez, como confirmó su viuda. Caso similar le acontece al excampeón del mundo Vassily Smyslov. Dice que por muchos años jamás soñó en nada que tuviese que ver con el ajedrez, pero que en los últimos tiempos, empezó a soñar en intrincadas posiciones. Dice que también han ocurrido sueños con ajedrecistas. Así, Smyslov ha “hablado” varias veces con Levenfish y en una ocasión soñó con el mismísimo Emmanuel Lasker, con quien “jugó” un juego extremadamente cerrado y en el Smyslov no ha podido recordar el resultado final. Y el gran Boris Spassky menciona: “tengo dos sueños muy vivos en mi memoria: en uno, yo jugaba contra Averbach y no noté que movió su torre de a1 a c1. Era una torre gigantesca en mi sueño. En el otro, platicaba con Alekhine toda la noche y me causó tan profunda impresión esa plática que ahora me avergüenza no haberla escrito a la mañana siguiente. Hoy no recuerdo de qué hablé con Alekhine”.
Un episodio muy conocido es el que le ocurrió a Semion Furman, el cual soñó una bella combinación que no pudo encontrar en el tablero frente a Kholmov, en el campeonato soviético de 1963.

Aquí el GM Furman dice: “Toda la noche me persiguió el sentimiento de un trabajo inacabado, el cual se terminó en la mañana siguiente. En mi sueño encontré cómo daba mate a Kholmov”.
Vladimir Bagirov, uno de los grandes expertos en la defensa Alekhine dijo sonriendo que una vez soñó que Alekhine le decía que se embarcara en el estudio de esa defensa. Le dio su bendición y desapareció. Dorfman comenta que en el match Fischer-Larsen, de 1970, soñó con una refutación hermosa, a una jugada del gran maestro norteamericano. Cuando despertó, encontró que la posición que soñó no era la que se había jugado, pero de nuevo, en estos misteriosos sueños la mente nos depara siempre sorpresas.
El asunto parece más común de lo esperado. Muchos jugadores aparentemente han soñado no solamente jugadas, sino que además, han platicado con jugadores del pasado. Hay testimonios de Hans Ree, Sosonko y Timman inclusive. El asunto, creo yo, merece más observación. Quizás ahí haya una vertiente no explorada.

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El final artístico

Viernes, 27 de Febrero de 2009

chesscomp

“La música es el arte que expresa la ciencia de la acústica,
la pintura el arte que expresa la ciencia de la óptica
y el ajedrez el arte que expresa la ciencia de la lógica.”

M. Botvinik


La composición en ajedrez.
por
LuxAeterna

El Estudio Artístico (Final Artístico) en ajedrez, es una obra intelectual comparable a la composición musical, pictórica o literaria.
El compositor del estudio, como cualquier otro artista, se ciñe a temas específicos y a reglas estéticas determinadas.

A diferencia de los problemas de ajedrez, el autor le propone al solucionador un enunciado simple (”juegan las blancas y ganan” o “juegan las blancas y hacen tablas”), sin obligarlo a un número fijo de jugadas ni a finalizar con mate. Se trata de obtener una posición que no deje lugar a dudas del desenlace y en la que las negras no puedan revertir el resultado. (Esto es, si tal posición final se jugara sin equivocaciones y siguiendo la “teoría” o técnica conocidas)

En las composiciones de Finales Artísticos a menudo se presenta una introducción, seguida de un planteamiento temático y el desarrollo de la idea del compositor que casi siempre lleva a un final poco esperado o francamente sorpresivo, lo que da un gran impacto estético.
Algunas veces las variantes son temas secundarios (como en música) y que son puestas como un valor agregado y no simplemente como un burdo parche para que funcione la idea principal.

Dado que el número de jugadas en las que tiene que ser resuelto el enunciado (ganan blancas o las blancas hacen tablas) está abierto, la impresión de que se parece a una partida real aumenta el goce estético. Nada más emocionante que ir descubriendo jugadas brillantes al momento de resolver el planteamiento. Es como si de repente nos convirtiésemos en un genial e implacable jugador que tiene todo bajo control y que, por más inteligentes que sean las respuestas del contrario, el control es absoluto.

En los problemas de mate en X jugadas, es observado como regla general, que la primera jugada no sea un jaque o una captura. Esto es debido a que estas opciones son casi siempre las primeras que se le ocurren al solucionador y debido al corto número de jugadas que se exigen, daría una facilidad de solución que es inmediatamente apreciada como de poco valor estético, ya que no hay sorpresa ni dificultad.

En los finales artísticos, esto no es una regla. Es posible que las primeras jugadas solo sean una máscara para que las verdaderas fuerzas protagónicas no sean evidentes a simple vista. Asi, unas veces el jaque, o la captura de piezas importantes tiene como resultado un cambio brusco en la valoración de la posición resultante y esto no se percibe como una falta, sino como una manera de alargar la solución con combinaciones, aunque forzadas, de no fácil ejecución. Como en todo, en eso de alargar por alargar existen autores con más talento que otros, asi que el campo de la composición está lleno de aciertos y desaciertos. Es una prueba más de que se necesita un cierto criterio para distinguir aquello que vale de lo que es un trabajo chapucero. Tal como en otras artes.

Quizás es por esa necesidad de tomar ese tipo de decisiones basadas en el criterio, es que el Final Artístico goza de menos seguidores que los problemas de mate. Requiere de la participación esmerada del solucionador (aún cuando la respuesta le sea dada) y de cierto grado de conocimiento técnico.

Contrariamente a la música, que puede ser escuchada por cualquiera sin necesidad de estudio previo, el arte de la composición ajedrecística requiere de un aprendizaje previo para su goce cabal, lo que desgraciadamente, lo aleja de muchos posibles diletantes. Sin embargo, quien decide poner un poco de empeño, que por otro lado, es parte del ajedrez mismo, se verá recompensado por haber adquirido una nueva forma de goce estético que le regalará incontables momentos de plena satisfacción.

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El ajedrez como una profesión

Jueves, 26 de Febrero de 2009

canal71

Nuestro amigo morsa nos hace llegar su primera colaboración a este blog . Se trata de un artículo que publicó en la versión web de la revista mexicana Proceso. ¡Mil gracias Manuel! esperamos que sea el inicio de una cascada de futuras colaboraciones…

El ajedrez como una profesión
(Publicado el 18 de febrero del 2009 en la página de Proceso)

Hoy día el mundo del ajedrez puede dividirse en cuatro grandes secciones:

  1. Los grandes maestros de elite (incluyendo, desde luego, al campeón del mundo);
  2. Los jugadores titulados, profesionales del ajedrez, que intentan hacer de esta actividad su modo de vida;
  3. Los jugadores que toman en serio el juego ciencia, compiten en cuanto torneo pueden pero además, tienen otra profesión.
  4. Finalmente, los aficionados que disfrutan jugar, en ocasiones ir a torneos y progresar en el juego, pero que no lo ven más allá de un pasatiempo.

Es claro que el ajedrez es una actividad terriblemente difícil y competitiva. Hay que recordar que como en todas las competencias individuales, los triunfos de uno son las derrotas de otros. Así, el juego ciencia, como el tenis, por ejemplo, es durísimo con quienes deciden vivir de esto. Pocos son los ganadores y muchos los que se quedan en el camino. Ahí está la diferencia entre el gran éxito y el fracaso, en todas sus manifestaciones.

El tenis es un símil en lo que se refiere a la competencia dentro del ajedrez. Al igual que en el deporte blanco hay unos cuantos privilegiados, en el juego ciencia son precisamente los que llamamos jugadores de elite.

Estos son los invitados a los grandes torneos con magníficas bolsas de premios, asunto que habría que agradecer a Fischer que siempre se empeñó en buscar premios más dignos para aquellos que dedicasen la vida al ajedrez.

Y gracias a él, sin duda, el juego empezó a ser más considerado con los amantes del mismo. Por ejemplo, cuando los rusos eran los jerarcas en el ajedrez, cuando solamente había campeones del mundo rusos, pues no había en occidente quién les hiciera mella, los campeonatos mundiales se jugaban en Moscú.

El match entre Spassky y Petrosian tuvo una bolsa de 2000 dólares en 1969. Para el año 1972, cuando Fischer desafió el poderío ruso (enfrentando al campeón Spassky), logró que la bolsa final fuese de aproximadamente un cuarto de millón de dólares, cifra francamente escandalosa para esos tiempos.

En el año 1992 Fischer jugaría un match de revancha con Spassky, en donde un banquero yugoslavo puso 5 millones de dólares para que se llevara a cabo ese encuentro, el cual ganó Fischer y con ello el 60% de esa millonaria bolsa.

Cabe sin embargo señalar que no todas las bolsas actualmente son de ese tamaño. El campeonato mundial en México, celebrado a fines del 2007, dio alrededor de 1.5 millones de dólares en total para los ocho participantes que se congregaron en la ciudad de México y en donde el de la India, Viswanathan Anand, ganó convincentemente el título.

Para aquellos que no se encuentren en este ajedrez de elite, el cual es muy duro y cualquier tropiezo puede alejar al jugador del gran dinero, están los grandes maestros profesionales que van de torneo en torneo intentando hacerse de una cantidad respetable de dinero, asunto que no necesariamente consiguen.

Por ejemplo, un connotado gran maestro jugó un torneo abierto hace unos años. Empató del 3 al décimo lugar y se llevó solamente unos 150 dólares de premio (el dinero se dividía entre aquellos que hubiesen empatado en puntos). El torneo fue lo suficientemente fuerte como para que dicho gran maestro lograra una norma, es decir, la puntuación necesaria para que se le otorgara de nuevo una parte del título de gran maestro (que por cierto, es un título que se da de por vida). Jugar tan bien, con tanta competencia de altísimo nivel y ¿todo por 150 dólares? Resulta injusto sin duda.

Lev Polugaevsky, el gran maestro ruso, una vez fue inquirido por un director de orquesta preguntándole: “y dígame gran maestro ¿tiene usted alguna profesión?”, a lo que Polugavesky respondió: “¿la tiene usted?”. El músico entonces se dio cuenta de su impertinencia y se disculpó.

El excampeón del mundo Mijail Botvinnik alguna vez declaró que en Rusia tenían cientos de grandes violinistas y el ajedrez puede ser tan valioso como el propio violín y por lo tanto merecía trabajar en el arte del ajedrez tanto como trabajan los violinistas, y más aún, deberían poder ganar lo suficiente para vivir al menos sin grandes sobresaltos.

Desafortunadamente el mundo no valora como los ajedrecistas su arte. Todos saben de las ventajas de jugar ajedrez, pero a pesar de todos los esfuerzos que se hacen para promoverlo y convertirlo en una actividad de masas, el juego ciencia sigue estando relegado a deportes y/o actividades culturales de pocos ingresos en general. El mundo, para variar, está de cabeza

Manuel López M.

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